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martes, 28 de julio de 2009

Lupo

El sol rayaba en el escaso horizonte y descollaba en las rocas. Todos habían muerto de sed y de calor excepto Lupo, quien con sus ojos ardientes, ciego de la arena de las escarpadas paredes a lado y lado de su navío, y con su cabeza en alto escrutaba el horizonte.

De pronto la euforia invadió su agotado espíritu, las rocas a su alrededor habían desaparecido y en el horizonte se alzaba, resplandeciente por el sol, el faro de Pólipo, la mítica ciudad costera.
La emoción fue demasiado intensa, y al contrario que su tripulación, Lupo murió, no de sed, sino de un ataque cardiaco luego de haber logrado atravesar el infinito e imposible canal de parto.


Agosto 22 - 2001

miércoles, 1 de julio de 2009

Al deambular

La lluvia brilla y su brillo hace más insoportable la árida desolación de mis ojos. Un dolor crónico se vuelve cada vez más agudo, haciendo que el esfuerzo por caminar sea antológico.

Tras de mi, la grulla se sigue riendo. Me mira y se ríe, se ríe, se ríe; y luego se va a empollar.

Tarde, me alcanza el matorral, sus ramas secas al viento golpean mi rostro y me muestran la luna mordida. ¡En su cumbre hay un polluelo de fauces corrosivas!; y detrás de mi la grulla masca su carcajada antes de volar de nuevo por sus huevos. El matorral me deja, se hunde con la lujuriosa luna para proveerle consuelo.

Yo camino hacia el pantano y lo inhalo ansioso. Algas contorneantes danzan alrededor de pilares frenéticos que nadan en mis pulmones. Estornudo, impotente para contener un bioma en mi sistema nervioso, y las ranas caen, recogen sus escarabajos y se alejan arrastrándose en el fango muerto de un pantano…
Enero 2001